domingo, 8 de febrero de 2015
Papeles Prestados Vol.1
sábado, 7 de febrero de 2015
ElOjo y ElPez: Febrero de 2015
domingo, 12 de octubre de 2014
Laura: Así no quiera, yo voy a soñar con usted
A las Lauras del mundo hay que agradecerles por la risa.
Por los dientes y la lengua.
Por las palabras.
Hay que agradecerles por la cintura y las piernas llenas de angustias y de sangre. Las Lauras conocidas caminan con unas alitas tatuadas en los tobillos (¡que me encantan!) y sonríen con una candonga enredada en los labios (¿Cómo será besarlas?). Hay días en los que se ponen en la cabeza una corona de laureles con granitos de mostaza, y esto porque hay días en que ellas se creen reinas sin tierra y sin lacayos. Reinas de tierra y no de agua, porque a las Lauras no les gusta que las bañen con sal. ¡Cuidadito y las invita al mar! Si usted las pone a llorar son capaces de arrancarle los ojos en un mordisco. He escuchado historias de las Lauras del mediterráneo, dicen que una de ellas llegó a querer tanto, que mató con un beso afilado a quien le rompió el corazón. Yo le recomiendo que no las toque. A ellas lo mejor es dejarlas dormidas en la inconsciencia.
Para empezar tengo que contarles que la señorita tiene el pelo rojo. Tiene pecas en las tetas y en la nariz, un lunar grande en la espalda, y una cicatriz. Laura tiene una voz carnosa, del color de su pelo, del olor de su piel. Laura no tiene vergüenza, no le gusta el mar. Usted puede comprarla con una flor de Azafrán o el pedacito de una estrella de mar y si la ve caminando de noche, así como como medio bailando, medio soñando medio volando, le va a ver en la cabellera un montón de punticos grises y perlados. Una maraña de estrellas llenas de gatos que se creen alfileres. Vuelve y juega: una corona inventada para una reina sin reino y sin dios.
Cuando Laura me ve triste (que es muy amenudo) tiene un ritual: Primero se rasca la cabeza. Busca entre su pelo algo escondido y cuando lo encuentra sonríe. Me muestra entre los dedos una aguja que en vez de un ojo común y corriente, tiene un ojo de gato por el cual seguramente pasaría un camello. Se mete la aguja entre los dientes y me toma de la mano.
Póngale la cara que usted quiera, ella se me acerca a la altura del cuello y empieza a mirar la camisa de seda que llevo puesta. Se demora un momentico en encontrar la hebra que sobra y con un mordisco la arranca a la altura de mi seno izquierdo. Mientras lo arranca me mira. A mi me gusta que me mire, ella no sabe pero mientras lo hace yo siento como me besa en la frente con los labios medio abiertos. A mi me gusta porque ella no me toca, y mientras le brillan las pupilas, con algo de decencia y algo de cinismo arranca una hebrita que coloca sobre su lengua. Finalmente la henebra y empieza a hablar.
"No esté triste" me dice, "deje de volverse agua que se va a confundir con el mar".
Voltea la muñeca y me toca las venitas que sobresalen por entre la piel. "A mi me gustan tus muñecas, muñeca", me dice y me entierra la aguja en toda la mitad. "Ya no duele" le digo, "Yo ya soy grande", repito en voz alta como quien quiere creer que ya creció. La aguja atraviesa por debajo de la piel como si me estuvieran arañando las encías. Como si esa aguja estuviera metida entre los dientes. Después me mira y vuelve y sonríe. Hace un nudo y jala el hilo. Yo ya no sangro, y ya no lloro. Ya no bailo tampoco, desde hace un tiempo dejé de bailar, pero ella sigue. Ella sabe.
Cuando Laura tenía 7 años su mamá le enseñó a tejer. Primero fueron lienzos, portavasos, pequeñas carpetas para la casa. Después fueron bufandas, medias y escarpines. Con el tiempo olvidó el arte de los tejidos con lana y prefirió el hilo. "Lo que pasa es que el hilo se asemeja al cabello, y el pelo de una mujer guarda secretos que nunca serán posibles de conocer si no se les consiente". Por eso a Laura le gusta peinarme.
Cuando estoy triste, que es muy seguido y a menudo, me quedo con las palabras arrumadas en la garganta y entre los dientes como piedras lamosas. Ella entonces no pregunta. Simplemente se sienta a mi lado y me empieza a peinar. Ella no me ha tocado una hebra y las lágrimas ya brotan en un río de sal y de angustias, antes de que la niña Laura me acaricie los demonios de la cabeza. "Yo he encontrado infidelidades enredadas en la sien, amores escondidos debajo de la nuca, amistades enfermizas hechas un nudo bajo las orejas" y me contó que un día encontró un pedacito de muerte trenzada en el pelo blanco de una bruja buena. Ella hizo caso omiso y volvió y la cubrió "hay cosas que es mejor no peinar", me dijo. Y se quedó conmigo hasta que las angustias se fueron todas con el viento.
El día de su partida fue un jueves. En el aire el olor a sándalo se confundía con el de la lluvia acabadita de caer. La ventana estaba inmensa, igual que el cielo y la tormenta vendaval que se aproximaba. El balcón desierto, la lluvia en la cara y en mis ojos. Laura lo vio todo. Ella no soportó el egoísmo y decidió marcharse. No escuché la puerta cuando se marchó. Supe que se había ido un año, tres meses y 14 días después.
Yo necesito que alguien la encuentre. Laura era la que me podía reconstruir en momentos de extrema desesperación. Hace unas noches, después del fatídico día en el que por un beso en la boca la perdí, yo necesitaba tenerla conmigo, entonces busqué entre mi cabeza las agujas que ella tenía para empezar a tatuarme en la piel las palabras de la cordura, pero no estaban. Busqué entre mis zapatos, en las medias viejas, por debajo de mi piel, entre los libros y el polvo. Pero las guías no estaban, todas todas se las había llevando ella en la boca. "¡¡¡Laura!!!" le gritaba, "Laura vueeeeelvaaaaa, Vuelva que yo no lo voy a volver a besar, se lo juro". Tuve que pararme en el alféizar del balcón con los pies descalzos a ver si de pronto ella me podía ver, pero nada. No volvió.
Lo último que me dejó fue un pedacito de piel ya tejida que reza "Valiente" en el cuello, y en la muñeca derecha una palabra a medio terminar. Tienen que decirle que vuelva, yo estoy sentadita en la ventana esperando su regreso, con los labios secos y la lengua roja. Todavía estoy descalza, porque necesito pensar mientras ella vuelve (y para pensar, uno tiene que descalzarse). Necesito sentir la tierra mojada que crece en el balcón. Digánle que la palabra hay que terminarla. Que de nada sirve la Lu sin la zeta que la alimenta. Digánle que tengo la camisa llena de hebras disparejas, y que extraño las pecas de su nariz, la belleza de su lengua, sus dientes afilados.
Si Laura vuelve, y vuelve gracias a usted, yo puedo prometerle un cuaderno de manuscritos, un versito en la boca. Un poema en la pared, y de pronto, si el tiempo lo permite, un por siempre en el nochero.
Gracias,
En un mundo paralelo en el que la adolescencia es ardiente, la sangre es bonita, la noche es tan luminosa como el día, y la muerte se convierte sólo una etapa más de nuestras vidas, a la que para nada deberíamos concederle tantas lágrimas
Las Fotografías utilizadas para este texto son de la señorita Laura Makabresku. Tomadas de: http://www.playgroundmag.net/noticias/jack-daniels-independent-spirit/fotografa-encontro-erotismo-solo-oscuridad_0_1303669630.html
miércoles, 9 de marzo de 2011
RAQUEL

El hombre no la miró.

jueves, 17 de febrero de 2011
EVA
![]() |
| "Eva dudando"-Fotografía de Marcela Peláez Ruiz/http://www.flickr.com/photos/marcelapelaez |
De amor y de Dios.
De conversación.
Era otro árbol Eva, otros sueños, otros labios.
Te equivocaste de mesa y de horario.
De casa, de barrio y santuario.
De candelabro.
¡Qué sueño, qué imagen, qué viaje!
Te hubieras metido la bendita manzana entre las piernas,
para que no fueras vos la equivocada.
Otra lengua la de la mordida,
otros dientes los de la carnada.
Te equivocaste de Dios. De sueño y de amor.
De tiempo y de historia.
De memoria.
jueves, 30 de septiembre de 2010
BUSCANDO A LILY MARLÉN

Ella es un lirio de sonrisa fácil que espera bajo la luz de un farol amarillo. Tiene los dientes parejos de una mujer que sirve café a las ocho de la mañana, enclaustrados en los labios delgaditos de la jefe del departamento de arquitectos que tiene el pelo rojo. Tiene las manos blancas de una enfermera que sostiene una cajita de música. Las pecas coquetas de su cuello, se descubren a través del botón de la blusa que siempre mantiene abierta. Esos lunares proponen inventar el sostén en blanco y negro que, como una partitura musical, esconde en sus entrañas imaginadas. No sólo tiene las piernas de Marlene Dietrich, sino también su voz. Lily Marleen canta y las caderas anchas de la profesora de ciencias sociales que tomó un taxi, cierta noche (día al fin y al cabo) en que llovía a cántaros, bailan al compás de una mano que tiene como ocupación ser un objeto de arte, ser al fin y al cabo, el tiempo en los labios de una mujer.
viernes, 28 de mayo de 2010
JUSTO EN LA PUNTA DE TU LENGUA

Hay Fuego en tus ojos, es un fuego que te consume, que te explota en mitad del pecho. ¿Dónde dejaste tu propio circo? Por hoy grita por vos y por mi, por todas aquellas que se han quedado sin voz, embelesadas en mitad de la función. Decíle al mundo que está perdido, grítale en la cara al viento el odio que sentís por lo absurdo que es el querer continuar cuando el camino amarillo no tiene ya adoquines, escupile porque empezas a sentir que no vale la pena dejar de llorar para ponerse bonita. Arráncale los ojos con tus dientes porque sabes que el horizonte está cercado con abedules de gelatina y vos no podes hacer nada… vos sólo podes gritar. Extinguite en un suspiro inaudible, pero nunca te canses. Jamás te canses mujer. Vos moves esas piedras engranadas que, bajo tus pies, transitan en el centro de la tierra.
Quítate la ropa. Tus zapatos no han caminado lo establecido, quédate descalza y sentí el agua que se esfuma encima de un cemento que arde en fuego solar. Quémate los talones. No corrás, esperá. Ardé un poquito más encima de la ciudad cementerio que se incendia bajo tus pies. Quítate el pantalón, acostate en la grama y hormiguea por un tiempo. Sentite indefensa ante la majestuosidad del cielo que se extiende sobre tu cabeza. Sentite mínima. Querete así como sos, simple, blanda… sin maquillaje. 


No dejes de gritar con lágrimas lo que siempre has sentido que ha estado mal. Y no desesperes mujer, no desesperes que aún hay suficiente agua bajo tus poros para llorar sin razones lógicas y acordadas. Llorá cuando alguien te diga que te quiere, llorá porque un niño sin calle besa con la lengua afuera una botella de sacol. Llorá por los perros sin casa, por las estrellas que no brillan. Gritá sin miedo al reproche. Queréte como estas, que así, con lágrimas en los ojos vos también te ves bonita.


.jpg)













